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Nos mudamos de sitio

Escrito por : FAR Ministerios on 29 de octubre de 2010 | 08:39

29 de octubre de 2010

Con el objetivo de brindar mas y mejores servicios anunciamos a todos nuestros amigos visitantes y usuarios de Sermones Adventistas, les informamos que nos estamos mudando de sitio y nuestro Blog Sermones Adventistas se esta acoplando a nuestra pagina principal llamado Full Adventistas.

De momento trabajamos para poder estructurar Full Adventistas para que ustedes pueda guiarse en nuestro blog, la próxima semana estaremos redireccionado nuestro blog Sermones Adventistas y nuestro pagina Full Adventistas.

No se preocupe todos nuestros artículos han sido pasados a Full Adventistas, así que ahí podrá gozar de todos nuestra recolección de sermones sino también podrá gozar de secciones como Música Adventistas, Escuela Sabática, Sermones en Audio y Vídeo, Películas Cristianas.
De esta forma nos despedimos de este blog y pasamos a  ser parte del ministerio Full Adventistas.

Muchas gracias y bendiciones de parte del Señor
Att.
Staff Full Adventistas
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Jonatán: Nacido para ser un grande

Escrito por : FAR Ministerios on 24 de octubre de 2010 | 09:20

24 de octubre de 2010

Imagine una anotación en el diario de Jonatán en la víspera de la ba­talla de Micmas:
“La situación es desesperada. Esperábamos que los filisteos vinieran con un ejército de carros, así que teníamos la esperanza de llevar la ba­talla hacia un terreno más abrupto para ganar ventaja. Pero no esperá­bamos que se aparecieran con tres mil carros y seis mil hombres. No hemos podido estimar el número de enemigos, parecen tan numerosos como la arena de la playa”.
“Los filisteos ya han enviado tres escuadrones al ataque. Uno pa­rece dirigirse al vecindario de Sual, otro hacia Bet-horón, y el tercero pare­ce que ha alcanzado el valle de Zeboim. Después de esto, parece ser que su principal estrategia militar es la de llevar la batalla hacia un área en la que puedan utilizar cómodamente sus carros. Otra estratagema com­plementaria ha sido minar la moral de nuestros soldados. No hay duda de que los filisteos han tenido éxito. La última semana las deserciones han alcanzado una cifra récord. Parece que nuestros hombres se funden con las cuevas, los zarzales, las piedras, los huecos y las cisternas.
“Según el último recuento, solo nos quedan 600 hombres. La imagen de todos esos filisteos bien pertrechados me recuerda la precarie­dad de nuestro equipamiento. Mi padre y yo somos los únicos que dis­ponemos de una espada y una armadura como es debido. Los demás van armados con tridentes, palos o hachas. Para ser sincero, desde el punto de vista militar no tenemos ninguna posibilidad”.
“Sin embargo, aunque algunos piensen que estoy loco, creo que gana­remos. ¡Tenemos a Dios, y él está especializado en lo imposible! Estoy seguro que él actuará a nuestro favor. Nadie puede impedir que el Señor nos salve, sean pocos o muchos. Quizá Dios está esperando que alguien asuma el liderazgo; alguien que se adelante con fe. Tenemos un batallón de filisteos en el paso de Micmas. Me pregunto si...”
Personajes
Jonatán: Su nombre significa «Jehová ha dado». Es el primer hijo del rey Saúl. Sus padres, como todos los padres israelitas, debieron alegrar­se con su llegada. Jonatán es el primero en la lista de los hijos de Saúl (1 Samuel 14:49). La fama de Jonatán se debe a su carácter generoso y su completa confianza en el Dios de Israel.
Cuando en Micmas se enfrentó a un enemigo invencible, Jonatán, con­tra todo pronóstico y contraviniendo todo dictado de sentido común (1 Samuel 13:2 - 14:46), no dudó en dar un paso al frente en la fe. Él es un excelente ejemplo de cómo lograr un equilibrio entre ser fieles a nuestras raíces, y tener una amistad que podría requerir salimos de la rutina para tomar decisiones difíciles. La amistad de Jonatán con David es un ejemplo perfecto de lo que es un compromiso desinteresado (1 Samuel 18:1). Jona­tán muere junto a Saúl en la batalla del monte Gilboa, luchando contra los filisteos. Más tarde los filisteos exponen los cuerpos de Saúl y sus hijos en la muralla de Bet-san (1 Samuel 31:1-13). En una arriesgada incursión nocturna, los habitantes de Jabes de Galaad rescatan y queman los cuer­pos en descomposición y luego entierran los huesos en Jabes.
David: Es uno de los personajes principales del Antiguo Testamento. Su nombre podría ser un apócope de «Amado de [Jehová]». Él era el oc­tavo hijo de Jesé de Belén (1 Samuel 16:1-13), aparte de un valiente guerrero (1 Samuel 17). Cuando se desposa con Mical, la hija del rey Saúl, además de ser el yerno del rey se convierte en cuñado de Jonatán. El profeta Samuel ungió a David en secreto mientras el anterior rey ungido ocupaba todavía el trono. Los celos de Saúl forzaron a David a que abandonara la corte real y se convirtiera en el líder de una banda de guerreros curtidos en la batalla que, aparentemente, habían caído en desgracia ante el régimen de Saúl (1 Samuel 22:1, 2). Tan pronto como David obtiene, al menos parcialmente, el control del reino, inicia una campaña para convertirlo en una potencia regional, establece la nueva capital en Jerusalén (2 Samuel 5:6-16) y somete a los distintos grupos tribales que lo rodean.
El escudero de Jonatán: Aunque desconocemos tanto sus orígenes como su nombre, este desempeña un importante papel en la milagrosa victoria de Jonatán sobre los filisteos en la batalla de Micmas. Su res­puesta a la atrevida invitación de Jonatán a que atacaran la guarnición filistea mejor situada es de algún modo un eco de la propia abnegación y deferencia de Jonatán hacia David (1 Samuel 14:7).
Saúl: Fue el primer rey de Israel y el padre de Jonatán. Pertenecía a la tribu de Benjamín. Su nombre significa «al que le piden». Dios lo es­cogió para que reinara sobre Israel (1 Samuel 9-11). Al principio Saúl ob­tuvo importantes victorias militares, pero a causa de su negligencia en el cumplimiento de los mandamientos divinos (1 Samuel 13:13; 15:14-23), Dios termina rechazándolo y haciendo que el profeta Samuel unja en a David en secreto. Dado que fue escogido en una época de conflictos, como primer rey de Israel Saúl centra su atención principalmente en los asuntos militares más que en el desarrollo de la nación.
Los filisteos: Durante el último periodo de los jueces y los primeros años de la monarquía, los filisteos, situados principalmente a lo largo de la costa occidental de Canaán, fueron los archienemigos de los is­raelitas. Estos estaban organizados como una confederación de ciudades estado, entre las que se contaban Asdod, Ascalón, Ecrón, Gat y Gaza. Los datos arqueológicos sugieren un estrecho vínculo con la cultura egea, posiblemente vía Chipre.
Información sobre el contexto
La historia de Jonatán y David es la historia de dos familias. Durante los primeros días de la monarquía, la lealtad al clan y a la tribu era to­davía muy importante. El poder del rey aún no había alcanzado la for­ma de lo que entendemos como monarquía (a la luz de la larga historia de las poderosas monarquías europeas en los siglos que prece­dieron al período de la Ilustración).
Los primeros reyes de Israel no tenían una capital definida y se sentían en casa (y apoyados) en el país de sus ancestros (1 Samuel 10:26). El ungi­miento de David mientras Saúl era todavía el rey designado por Dios fue causa de tensiones y celos entre ambas partes (1 Samuel 16:1-13). El declive de Saúl está contrarrestado por el fuerte auge de David. A causa de su des­treza militar y su capacidad de liderazgo, David se convierte en el cam­peón del pueblo (1 Samuel 18:5-7). Naturalmente, esto desagrada a Saúl (1 Samuel 18:8, 9), especialmente si consideramos que en ese momento no había tradición real en Israel, y por lo tanto, el liderazgo militar parecía ser el factor clave para la calificación de un rey israelita.
Los años que David vivió como fugitivo de Saúl, incluido su exilio en territorio filisteo (1 Samuel 27), ponen nuevamente de manifiesto el importante elemento de las relaciones tribales o de clan. Según se pue­de ver en ejemplos contemporáneos de sociedades tribales, en cierto modo las lealtades y las alianzas son de naturaleza provisional y pue­den cambiar de un día para otro, dependiendo de la situación y las necesidades. La obsesión de Saúl por derrotar a David deja de manifiesto la presencia cada vez menor de Dios en su vida y en la vida de Israel. La Palabra de Dios ya no es relevante para Saúl, puesto que no encaja en su visión de las cosas.
Acción
En realidad, Jonatán es un protagonista que no busca llamar la aten­ción sobre él. Su acción más heroica fue la de atacar por su propia cuenta un puesto militar filisteo en Micmas. En esta aparentemente alocada em­presa, Jonatán tiene el apoyo de su joven y leal escudero. Para entender un poco mejor la acción, será útil prestar atención al diálogo de Jonatán con su escudero, registrado en 1 Samuel 14:6-10. Este pasaje muestra la fe de Jonatán en el Señor, no como una deidad más o un dios que nece­sita ser pacificado mediante un sacrificio, sino como un Dios que se in­volucra personalmente en los asuntos de Israel. La fe activa de Jonatán en la providencia y dirección divinas establece una diferencia funda­mental con su padre Saúl. Más tarde, David parece demostrar una pro­fundidad de fe y un reconocimiento de la divina providencia similares en su encuentro con Goliat (1 Samuel 17:37).
Cualquier lector que lea la narración original en hebreo captará inme­diatamente el juego de palabras entre la señal acordada en 1 Samuel 14:10: «Jehová los ha entregado», y el nombre de Jonatán, que significa exacta­mente lo mismo. La elección de esta señal es irónica: La orden divina para que Jonatán entre en acción es precisamente su nombre. Al salir de su es­condite y entrar en el campo visual de los guardias, los filisteos reaccionan como se había esperado. Jonatán y su escudero avanzan, matando a veinte enemigos. Cunde el pánico y tiembla la tierra. Se consideraba que los te­rremotos eran una señal de la intervención divina (véase 1 Samuel 7:10) y solían estar relacionados con las teofanías, las apariciones divinas (véase Jueces 5:5; 2 Samuel 22:8; Salmo 29). Aunque Jonatán y su escudero se mostra­ron realmente valientes, el autor bíblico quiere que el lector se dé cuenta de que Dios una vez más actúa como el guerrero divino que lucha por su pueblo. La victoria para Israel es un logro de Dios, no de Jonatán.
El acto más abnegado de Jonatán es cuando reconoce que Dios ha llamado a David. Aquí actúa en claro contraste con su padre Saúl, quien se aferra al trono y a la posición que ocupa. Al proteger la vida de David y establecer un pacto con él, Jonatán abandona consciente­mente su ambición y su sueño (1 Samuel 20). Saúl reconoce la amistad entre los dos jóvenes y, lleno de ira, insulta a Jonatán (versículos 30, 31). Es­to sin embargo no parece afectar a Jonatán, lo que demuestra hasta qué punto llegaba su amistad con David. Los versículos 16 y 17 relacionan las implicaciones legales de las relaciones basadas en un pacto (lo que también es visible en otros textos no bíblicos del antiguo Oriente Próxi­mo) con el concepto de amor. Con todo, el amor entre David y Jona­tán va más allá de la lealtad y el oportunismo político. Este se basa en una amistad genuina. Los actos hablan con más fuerza y duran más que cual­quier conquista militar. Este acto era arriesgado: Casi le cuesta la vida a Jonatán, al lanzarle su padre una lanza (versículo 33).
En profundidad
¿Cómo podemos saber qué es lo que quiere Dios para nosotros en una situación específica? Como cristianos, es allí donde entra en juego nuestra fe. En esta sección veremos cómo Jonatán se dio cuenta de que la voluntad de Dios era que atacara a los filisteos en Micmas (1 Samuel 14:1-14).
Para empezar, Jonatán entendió quién era Dios. No se trataba de probar si Dios existe. Él confiaba absolutamente en él. Estaba totalmente seguro de que Dios puede salvar. «Para él no es difícil salvarnos, ya sea con mu­chos o con pocos» (versículo 6, NVI). Él no quiere manipular a Dios ni forzar­lo a actuar, sino descubrir cómo encaja él en los planes de Dios. La actitud de Jonatán es la correcta. Él está preparado para aceptar la voluntad divi­na, y no quiere usarla como pretexto para hacer lo que le parezca o forzar a alguien a que entre en su plan. En el versículo 9 deja claro que sí Dios se lo indica, él está preparado para quedarse y no subir «adonde están ellos». Elena G. de White nos aconseja a «ejercer sabiduría y juicio en toda acción de la vida, a fin de no colocarnos en situación de prueba por procederes temerarios. No debemos sumirnos en dificultades descuidando los medios que Dios ha provisto y usando mal las facultades que nos ha dado».
John Wesley se adhiere a esta idea, al advertirnos: «No os apresuréis a atribuir cosas a Dios. No asumáis que sueños, voces, impresiones o visiones son revelaciones de Dios. Pueden ser de él, pueden ser natura­les, o pueden ser del diablo. Por lo tanto, "no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios"». La Biblia nos advierte: «No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios» (1 Juan 4:1). También nos dice: «Examinadlo todo y retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). Ese examen comienza por descubrir qué dicen las Escrituras res­pecto a un tema determinado. Dios siempre actúa en armonía con su voluntad revelada en la Biblia.
Sucede que, cuando conocemos bien a una persona, podemos pre­decir cuál será su elección o qué dirá ante una situación determinada. Cuanto más cerca estamos de alguien, más fácil nos resulta saber su vo­luntad, aunque las circunstancias sean completamente nuevas. De igual manera, mientras más nos familiarizamos con la Biblia, llegamos a en­tender mejor qué es lo que Dios quiere que hagamos en cada nueva si­tuación que se nos presenta. Comparado a nosotros, Jonatán solo dis­ponía de una pequeña porción de las Escrituras. Aun así, él sabía que Dios había llamado a Israel y lo había escogido, y que había prometido luchar por su pueblo y salvarlo si este volvía a Dios en busca de ayuda. Saber cuál era el plan maestro de Dios ayudó a Jonatán a definir mejor lo que Dios esperaba de él ese día en Micmas.
A veces la línea que separa la fe de la presunción puede parecer muy fina. Jonatán entendía que Dios no tiene límites. Él no quiso manipular a Dios para que hiciera lo que él quería. Más bien, miró a su alrededor para asegurarse de que las circunstancias eran providenciales. Estuvo dis­puesto a esperar o avanzar. Lo importante es que Jonatán esperó a que Dios le revelara su voluntad mediante la señal que él le propuso.
De igual manera, nosotros debemos mirar a nuestro alrededor y fi­jarnos si las circunstancias son providenciales. ¿Nos está hablando el Señor por medio de los acontecimientos o las personas de nuestra vi­da? Es ahí donde tenemos que buscar una señal.
Es importante resaltar que Jonatán no confió exclusivamente en sus propias impresiones. Él consulta a otra persona temerosa de Dios y le confía sus planes y sus ideas (1 Samuel 14:6, 7).
Finalmente, Jonatán decide avanzar. Puede decir con fe y seguridad absolutas: «Ven conmigo [...], porque el Señor le ha dado la victoria a Israel» (versículo 12, NVI).
Respuestas
La amistad conlleva una relación benéfica mutua entre dos o más per­sonas. Esta sería una buena definición científica. Pero la amistad no es ni clínica, ni estéril. En ella están implicadas las emociones, puede causar do­lor, y exige un esfuerzo y un compromiso continuos. A veces, la relación entre Dios y un ser humano se describe en términos de amistad. Abraham es referido como el amigo de Dios (Isaías 41:8; Santiago 2:23). Moisés, cuando hablaba cara a cara con Dios «como habla cualquiera con su compañero» (Éxodo 33:11) es otro ejemplo de amistad entre Dios y un ser humano.
En el Nuevo Testamento, Jesús ilustra esta amistad entre Dios y el hombre con más ejemplos. Al fin y al cabo, él es la Palabra encarnada, el Creador del universo. La amistad de Dios no solo está reservada para los justos y los que se la merecen (aquellos que no necesitan médico [Mateo 9:12]). Él busca también a los marginados, los solitarios y los pe­cadores (como las prostitutas y los publícanos); gente de quienes la mayoría de nosotros nos aparataríamos como si estuviesen contamina­dos. En su oración sacerdotal, Jesús vincula la amistad con el acto de guardar los mandamientos (Juan 15:14), no como un medio de salva­ción, sino como una imitación del amor de Jesús y su interés por la co­munidad («como el pámpano permanece en la vid»).
La amistad también está estrechamente ligada a la identidad. Solo po­dré ser un buen amigo si me conozco a mí mismo, si soy capaz de amar, y si acepto los peores rasgos de mi carácter. Amar al prójimo como a mí mismo es uno de los principios básicos de la amistad (Levítico 19:18). Jesús se basa en este importante concepto y lo expande para incluir, además de los amigos (o aquellos a quienes nos resulta fácil amar), a los ene­migos (Mateo 5:43, 44). Basada en esta luz, la amistad de Jonatán debió florecer a partir de un profundo reconocimiento propio de lo que él era como persona. Él encontró su lugar en la vida, aunque no fuera en el palacio de Gilboa.
En nuestro tiempo, la abnegación está completamente pasada de mo­da. Ceder el asiento a una dama en un vagón del metro o en el autobús se puede interpretar como un acto de paternalismo o de chauvinismo, al menos en Estados Unidos. Una vez más, Jesús es nuestro modelo. «El, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo» (Filipenses 2:6, 7). Él se hizo siervo para servir a la humanidad. Jesús es digno de ser imitado. Co­menzando por el establo de Belén y siguiendo con el taller de carpinte­ro en Nazaret, el plan maestro de Dios para la encarnación no incluía palacios reales ni alfombras rojas. En su lugar, Jesús estaba llamado a mezclarse con las masas sudorosas y malolientes, a tocar a los impuros y servir a los despojados.
El servicio de la Santa Cena es una buena ilustración de este principio de abnegación. Mientras los discípulos discutían quién de ellos ocuparía el preciado lugar a la diestra de Jesús (tanto en el banquete como en el rei­no que pronto tendría que venir), este se despojó de su manto, se inclinó para tomar la jofaina y la toalla, e inició la aparentemente denigrante tarea de lavarles sus pies sucios y malolientes. El autor y compositor estadouni­dense Michael Card captó esta escena de manera extraordinaria:
En el aposento alto
una parábola está a punto de hacerse realidad.
Mientras ellos discuten quién es el mejor
él se levanta en silencio con mirada adolorida.
Su Siervo Salvador les da el ejemplo
mediante la fuerza del agua
y la suavidad de la toalla.
El llamado es a la comunidad
el poder empobrecido que libera el alma.
Para que humildemente tome el voto
de tomar cada día la jofaina y la toalla.
Reacción
Chantal: La vida de Jonatán demuestra lo importantes que son tam­bién los papeles secundarios. A veces siento que si no soy la presidenta, cofundadora o directora de algo es porque no soy tan importante. Pre­sentarme como una simple ama de casa que educa a sus hijos en el ho­gar suena poco interesante, sobre todo después de haber sido profesora en un seminario. Sin embargo, Jonatán es una excelente demostración de que desvivirse por estar en una posición destacada no es lo que el cielo entiende por grandeza. La vida de Jonatán como amigo y como hijo irradia calidez, lealtad y una fe inconmovible. Deseo que esa fe, esa calidez y esa lealtad brillen en mi vida como hija, esposa y madre.
Gerald: Al parecer, la amistad es una especie en vías de extinción, al menos en el mundo occidental. Las personas se han vuelto prescindibles y la palabra sacrificio se ha convertido prácticamente en un insul­to. ¿Aún recordamos a nuestro mejor amigo de la escuela o de la uni­versidad? ¿Seguimos en contacto con ese amigo o amiga? ¿Alguna vez los superficiales y enervantes estilos de comunicación de Twitter y Facebook sustituyeron los momentos de intimidad que la conversación y la relación cara a cara solían tener? El estilo de amistad de Jonatán es un don inigualable. Me alegro por todos esos amigos que a menudo me han sorprendido con su lealtad y dedicación. No obstante, me pre­gunto hasta qué punto puedo responder de una manera desinteresada; o si estoy demasiado ocupado «calculando los costos» sin antes actuar.

Algunos eruditos han sugerido que la amistad entre David y Jonatán iba más allá de una amistad sana entre dos hombres. Sin embargo, esta es solo una conjetura de una historia de la edad de hierro del antiguo Oriente Próximo vista desde la perspectiva de los convencionalismos y los temas que preocupan a la sociedad del siglo XXI. Aunque Jonatán «amó» a David (1 Samuel 18:1), también lo amaban Judá e Israel (1 Samuel 18:16), así como Saúl y sus siervos (1 Samuel 18:22).
La raíz hebrea traducida como «temblar» o «miedo» es la misma que se usa en 1 Samuel 13:7, donde se describe de manera irónica la reacción de los israelitas cuando se enfrentan al poderoso ejército filisteo. En esta ocasión la situación ha dado un vuelco, y son los filisteos quienes ahora tiemblan y se muestran teme­rosos.
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Ana: como aprender a ser alguien

Escrito por : FAR Ministerios on 17 de octubre de 2010 | 09:30

17 de octubre de 2010

La historia de Ana es muy íntima. A continuación presentamos una entrevista imaginaria con esta mujer tan especial.
Pregunta: Ana, ¿qué importancia tienen los hijos en su cultura?
Respuesta: Toda nuestra cultura gira alrededor de los hijos. ¡Es que so­mos los hijos de Israel! Cuando hace mucho tiempo Dios hizo un pacto con nuestro padre Abraham, la promesa tenía que ver con los hijos. Él le aseguró a Abraham que seríamos tan numerosos como la arena de la pla­ya o las estrellas del firmamento, y que nos daña esta tierca como heren­cia eterna. Creo que cada uno de nosotros se considera un eslabón de una cadena viva que se extiende por todas las generaciones desde Dios hasta Egipto, continúa a través del peregrinaje por el desierto y alcanza la Tierra Prometida. Esa cadena viva se extiende a través de nosotros hacia las gene­raciones futuras que quieran formar parte del pacto. Cada familia tiene una parte de la Tierra Prometida así como tenemos una parte de la prome­sa de Dios. Así que, una pareja que no tenga hijos a quienes transmitir la tierra se enfrenta a un triste destino. ¿Se imagina que después de tantas ge­neraciones la cadena se termine en usted? Habría fracasado miserablemen­te en lo más importante de la vida. Habría roto la cadena viva de la pro­mesa que Dios hizo a Abraham para todas las generaciones. Además, sur­gen las preguntas prácticas de todos los días: ¿Quién trabajará la tierra cuando seamos demasiado viejos? ¿Quién cuidará de nosotros en la vejez?
Pregunta: Entrando en un ámbito más personal, díganos qué siente de ser estéril.
Respuesta: Me siento inútil. Le he fallado a Elcana. Lo que para los demás llega de manera natural, para mí es prácticamente imposible. Todas mis amigas empezaron a tener hijos y pronto fui la única que no tenía un bebé. Ya no formaba parte de su mundo. Los que me rodeaban se sen­tían incómodos. Mes tras mes mi esposo me miraba con expectación y yo tenía que negar en silencio. Finalmente, acabó por tomar otra esposa. Esa noche en la cama lloré desconsolada. Aunque Elcana era amable y cariñoso conmigo, nunca volvió a ser lo mismo. Pronto, Penina alumbró a un hijo y puso de manifiesto el hecho de que el proble­ma de tantos años era yo, y no mi marido. Pensé que hasta entonces había sido desdichada. Ese fue el principio de una verdadera agonía pa­ra mí. Penina tiene mil maneras de decirme que yo no era deseada: en la mirada, en la entonación y en las conversaciones privadas que ella hacía que yo escuchara furtivamente. Soy como una extraña, una foras­tera, una enemiga de mi propia casa. Lo único que me queda es Dios, aunque a menudo me pregunto por qué él me hizo estéril. ¿Acaso es el castigo por algún pecado oculto? ¿Quizá no me considera digna de for­mar parte del pueblo del pacto? ¿O es que no me ama?
Personajes
Ana: En hebreo, Ana significa «gracia favorecida», lo que irónica­mente es un contrasentido si tenemos en cuenta que era estéril. Ana era una mujer paciente que había soportado años de provocaciones y du­das sobre si debía endurecerse o amargarse. Su fe en Dios, a quien du­rante muchos años no pudo ver que obraba de manera activa a su fa­vor, hace que su personaje permanezca en vela durante toda la historia. Ella está dotada para la poesía y usa ese don para alabar a Dios con elo­cuencia. Es uno de los muchos personajes bíblicos que no pudieron concebir de manera natural y que tuvieron un hijo de manera milagro­sa. Tal vez a causa de las circunstancias de sus nacimientos, esta clase de hijos siempre son cualquier cosa menos corrientes. En el caso de Ana, su relación con Samuel no terminó al dedicarlo al Señor o cuando él se fue de la casa. Día tras día lo envolvía en oraciones mientras cada año preparaba algo especial para él. Ana obtuvo una rica recompensa por el presente que le hizo a Dios: tuvo más hijos (1 Samuel 2:21).
Elcana: Su nombre significa «Dios ha creado/tomado posesión». El autor bíblico nos da una extensa genealogía de Elcana que nos ayuda a establecer su linaje, le da al relato un punto de referencia histórico (me­diante el cual el lector puede comprobar los hechos) y nos habla de raíces importantes. La genealogía también insinúa lo que se perdería de no haber heredero. En 1 Crónicas 6:27, 34 se sugiere que con toda pro­babilidad se trataba de un levita que vivía en el territorio de Efraín, lo que haría que el servicio de Samuel en el tabernáculo fuera incluso más legítimo. Elcana intentó mantener la paz entre sus dos esposas, aunque él también era víctima de la situación.
Al igual que Abraham y Sara, Elcana también es un buen ejemplo de alguien que hace las cosas a su manera y toma una segunda esposa.   Elcana está comprometido con la adoración del Señor y asiste fielmen­te al peregrinaje anual al tabernáculo. También apoya el voto de Ana, ya que el voto de una mujer casada tenía que ser ratificado por su es­poso.
Penina: Este es el personaje de la historia que transforma una situación desdichada en una mala situación. Cuando llega a la casa sin hijos de Elcana y su primera esposa Ana, a pesar de dar a luz a varios niños, no está satisfecha. Se dedica a hacer que la vida de Ana sea miserable. Incluso du­rante las fiestas religiosas más importantes no deja de aterrorizarla.
Elí: Elí es un personaje lleno de contrastes. Él pudo haber sido uno de los líderes más poderosos y eficaces de Israel, pero en realidad era débil e ineficaz. Elí tiene un corazón amable y tierno como el de Ana, pero su amor paternal lo controla, lo que lo lleva a ser excesivamente indulgente con sus hijos (1 Samuel 2:29). Elí opta por evitar los conflic­tos en la educación de los hijos. Aunque la adoración a Dios era el cen­tro de su vida, sus hijos se habían convertido en sus ídolos. Esto con­trasta con la actitud de Ana, quien estaba dispuesta a entregar su amado y largamente esperado hijo a Dios y su servicio aun cuando ello signi­ficara que solo lo podría ver una vez al año.
Samuel: Samuel es el personaje más joven de la historia y aparece solo hacia la mitad de la narración. Con todo, es muy importante. Él es el tes­timonio vivo de que Dios escucha nuestras oraciones. La vida de Samuel demuestra que la adoración no es solo cosa de adultos. Él de niño sirve y adora a Dios. Aprende a servirlo y a participar, no solo como espectador, sino como un actor más de la adoración. La Biblia afirma que «el joven
Samuel iba creciendo y haciéndose grato delante de Dios y delante de los hombres» (1 Samuel 2:26). Siglos más tarde, esta declaración tendría un eco en la descripción de la infancia de Jesús (Lucas 2:52).
Información sobre el contexto
El periodo de tiempo que transcurre entre el establecimiento de los is­raelitas en Canaán y la coronación del primer rey cubre aproximadamen­te 350 años. Fue una época llena de claroscuros, de altibajos, en la que se repite un patrón: Israel se olvida de la Ley de Dios y sus poderosos actos del pasado, adora a ídolos y es vencido por uno de sus poderosos veci­nos. Cuando toca fondo, se vuelve hacia Dios y pide ayuda. Dios hace surgir a un juez para liberar al pueblo y dirigirlo en su camino de vuelta al redil. Tan pronto como desaparece la generación del juez, la siguiente cae de nuevo en la idolatría y el ciclo vuelve a empezar.
El último juez conocido antes de la llegada de Elí fue Sansón, el for­tachón débil. Aunque con él Israel vivió un momento de cierto respiro dado que se llevó por delante a un buen número de líderes filisteos en su último acto de juicio, no se dio un verdadero reavivamiento. Israel estaba sumido en el caos religioso, político y social. Cada uno hacía lo que realmente quería (Jueces 17:6). El culto a Dios estaba comprometi­do. Los hijos de Elí eran «hombres impíos» (1 Samuel 2:12) y los que ser­vían en el tabernáculo parecían haber olvidado de qué se trataba el sa­crificio, pues pensaban solo en su propia ganancia. En el horizonte no se veía ninguna autoridad centrada en la persona de un juez fuerte. El panorama era sombrío.
Acción
A primera vista, la trama de esta historia parece sencilla. No es un argu­mento cargado de acción en el que intervienen reyes y hay batallas decisivas que cambiarán el curso de la historia. Se trata de la historia de una mujer estéril que se enfrenta a sus problemas, que ora pidiendo un hi­jo, y que cuando recibe el hijo durante tanto tiempo anhelado lleva a cabo la más desconcertante acción: lo devuelve a Dios. Con todo, esta sencilla narración nos habla de la manera en que Dios vela historia. Si bien podemos pensar que los hombres que hacen grandes cosas son los que escriben la historia, el relato de la historia de Ana demuestra que el modelo de una vida cotidiana, común y corriente, no está exento de importancia. Nuestra vida, nuestros problemas y nuestros anhelos son importantes para Dios. La vida de cada uno de nosotros, incluso la de los aparentemente más insignificantes, está entretejida en el gran tapiz de la historia diseñado por Dios, y traerá un fruto significativo a la luz de la eternidad. La mujer estéril, abrumada por su dolor personal y el sacrificio, no tenía manera de saber que el hijo que entregaba a Dios sería un gran profeta y un juez que dejaría una marca inequívoca en el transcurso de la historia de Israel.
Tal vez por tratarse de una vida común vivida por gente común, en la mayor parte de la acción se producen situaciones comunes. La acción que se desarrolla entre las colinas de Efraín y el tabernáculo es el marco de la historia (1 Samuel 1:3), lo que representa un inicio singular para un libro bíblico. Aunque el libro se enfoca en grandes movimientos nacionales e internacionales, la narración comienza en un ámbito muy personal e ín­timo, con una esposa desesperadamente desdichada a causa de su esteri­lidad. El lector es rápidamente involucrado en la cotidianidad de esta fa­milia, lo que nos lleva al tabernáculo. Ante la provocación constante de Penina y el aparente silencio de Dios, Ana empieza a orar. Su oración es tan viva, que Elí presupone que está ebria. La buena noticia para nosotros es que los actos de Dios no quedan confinados a su tabernáculo. Dios actuó en casa de Ana y nació Samuel. Luego regresamos al tabernáculo junto a Ana, el pequeño Samuel y Elcana, donde la primera cantará un maravilloso canto de alabanza. En la historia, Ana pasa de ser víctima a ser vencedora.
En profundidad
En esta sección nos enfocaremos en el canto de alabanza que Ana entona cuando trae al pequeño Samuel al tabernáculo. En los tiempos bíblicos, la música no se hacía con fines comerciales como hoy en día, en que la gente colabora para producir discos que tienen que ser distri­buidos en fechas determinadas. Los cantos bíblicos no se creaban por encargo, sino que surgían en respuesta a una circunstancia particular de la vida. Muchos de los cantores (y por lo tanto, autores de los cantos) eran mujeres. El contexto del canto de Ana es sobrecogedor: La madre entrega lo que siempre deseó, un hijo, para que se quede en el santua­rio bajo la custodia y el cuidado de un anciano y sus perversos hijos, quienes «no tomaban en cuenta al Señor» (1 Samuel 2: 12, NVI). A pesar de todo, ella canta.
En realidad, su canto es un salmo de fe que mira más allá de lo visible para ver lo invisible, un mundo al revés. El canto de Ana está colmado de iconografía militar, lo que es un eco del tema de la gran controversia. Este empieza y termina con el Señor levantando un cuerno. En poesía, el cuer­no solía usarse como símbolo de fuerza (Salmo 18:2; 148:14).
En 1 Samuel 2:2 se enfatiza el hecho de que Dios es incomparable y único. Nos encontramos en una época de idolatría nacional, y la gran mayoría de los israelitas ven a Dios como uno más entre muchos otros dioses. Sin embargo, Ana se da cuenta de que Dios es especial. Él no es­tá atado a una función o a un lugar específico, ni está obligado a seguir nuestras reglas del juego. Más bien, nos invita a que desaprendamos las reglas de la vida tal como las solemos vivir y reaprendamos a ver la vida desde el punto de vista divino. Él nos invita a acudir al refugio de la Ro­ca. Como descripción de Dios, la roca simboliza la protección y la fuer­za, por lo que tiene un significado mesiánico.
El versículo 3 comienza con una advertencia contra el orgullo y la arrogancia. Estas actitudes muestran que quien habla no sabe con quién está tratando y no se ha apercibido de la verdadera grandeza de Dios. Una de las primeras cosas de las que tenemos que darnos cuenta en presencia de Dios es de la necesidad de ser sinceros. No hay nada que pueda impresionar a Dios. Él nos conoce y sabe nuestros motivos. «A él le toca pesar las acciones» (versículo 3).
El versículo 4 nos presenta una imagen militar. Los miembros más temidos de un ejército eran probablemente los arqueros, ya que una potente barrera de flechas era capaz de cerrar el paso a un gran ejército en orden de avance. Pero aquí tenemos la imagen contraria. El poder superior en la batalla no significa nada para Dios. Para él, quebrar los arcos de los guerreros es cosa sencilla. Él puede fortalecer a los que se tambalean y que están prácticamente derrotados. Generalmente, la res­puesta de Dios no es una muestra súbita de un poder de ataque supe­rior, sino la persistencia imposible que él otorga a su pueblo (Isaías 40:31; 42:3). Tal vez uno de los mayores milagros que Dios obra en nosotros es nuestra capacidad de seguir avanzando ante las pruebas o las dificul­tades de la vida cada vez que echamos mano de su poder. El poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad cuando permitimos que él bri­lle a través de nuestro quebranto.
De una imagen de guerra, la canción de Ana pasa a otro momento de crisis, como una hambruna o una sequía (versículo 5). Aquellos a quie­nes las cosas siempre les fueron bien ahora se encuentran en serias di­ficultades y tienen que venderse como esclavos para conseguir el sus­tento más básico.
Algunas de las humillaciones sobre las que Ana canta y el cambio de roles están presentes en la historia que relata Jesús mil años más tarde de un joven rico que jamás pensó demasiado en las cosas básicas, como qué comería. Este joven se marcha a un país extranjero, despilfarra su dinero y acaba sufriendo un hambre tan atroz, que termina trabajando cuidando puercos. Su hambre era tal, que llegó a considerar comer la basura que se echaba a los cerdos (Lucas 15:13-17).
En el canto de Ana, los que estuvieron hambrientos son saciados, pues Dios los satisface. Quizá sean como el hijo pródigo, que regresa a casa y es homenajeado en un banquete totalmente inmerecido. Quizá sean co­mo uno de los pobres, ciegos o tullidos que son invitados al banquete del rey en lugar de los ricos e influyentes que no necesitan el banquete real (Lucas 14:21).
Del hambre y el banquete, Ana pasa a la que es quizá la parte más personal de su canto. Los muchos años de esterilidad y la consiguiente vergüenza que esa esterilidad hizo recaer sobre ella, debieron iluminar la mente de Ana al cantar sobre una mujer que había sido estéril pero que ahora ha alumbrado a siete hijos. En ese momento Ana solo tiene un hijo y se encuentra en el tabernáculo para entregarlo al Señor; pero ella ha conocido el milagro y sabe qué sabor tiene, porque Dios ha obrado en su vida. Ella escoge el número siete (que a menudo en las Escrituras indica la perfección) para describir la plenitud de las obras de Dios. El Señor le ha concedido a la mujer estéril el número de hijos perfecto o completo, mientras que la mujer que en contraste parecía te­nerlo todo (el versículo 5 nos dice que tenía muchos hijos) desfallece. Tiene muchos hijos, sí, pero la seguridad, la felicidad y el honor que se supone que conllevan no la alcanza porque no son un don de Dios.
El versículo 6 hace énfasis nuevamente en la forma en que Ana ve su mundo. Dios es omnipotente y está a cargo de todo. Para el lector moder­no la expresión inicial: «Del Señor vienen la muerte y la vida» (NVI) pue­de parecer extraña, ya que solemos pensar que la muerte es algo que pro­cede de Satanás. Pero para Ana y la mentalidad hebrea de la antigüedad no había diferencia entre lo que se permite y lo que se hace de manera ac­tiva. Es decir, si Dios tiene el poder para impedir algo y aun así permite que suceda, entonces él está tomando parte activa en la situación. Nótese cómo el Señor usa las cosas negativas de la vida para enseñar algo, y una vez que se ha aprendido la lección de dependencia de él, se deleita en sen­tar a los pobres y necesitados con los príncipes, permitiéndoles heredar los tronos de honor. Una de las claves en la historia de Ana es el «cambio de nimbo». Ella parece haber entendido que una vida con Dios no es siem­pre coser y cantar, que el dolor tiene un propósito y el cielo es el destino final. Nadie se salva y va al cielo por méritos propios. Más bien, los salva­dos sabrán que son pródigos rescatados de la porqueriza.
El canto de Ana continúa, afianzando la autoridad de Dios como Creador y Juez (versículos 8-10). Ella se da cuenta de que para vivir, el único medio posible es escoger estar de parte de Dios. Sabe que esa elección le traerá maravillosas recompensas en el futuro. Con todo, también es consciente de que la única manera de tener éxito ante los constantes cambios de la vida cotidiana es a través del poder de Dios. El canto de Ana lleva a todas las víctimas desvalidas la buena nueva de que al final siempre prevalece la justicia. El Mesías profético, el Rey ungido, el Juez justo de toda la tierra, viene.
El canto de Ana se destaca especialmente por ser entonado en el tiempo de los jueces, en el que parecía que los malvados triunfaban va­liéndose del asesinato y ni aun los mejores estaban libres de defecto. Tal vez el mundo de Ana se parecía mucho al nuestro. Tal vez, nosotros también podamos cantar con el poder de Dios mientras esperamos que prevalezca la justicia.
Respuestas
La visión bíblica del mundo no separa a la fertilidad, los hijos, o la familia, de la religión y la adoración. Sin embargo, a diferencia del con­cepto dominante de la época, la Biblia no considera a la infertilidad como un castigo de Dios por haber cometido una falta. Queda claro que Dios puede hacer que las personas infértiles tengan descendencia. En el registro bíblico, cuando Dios impide directamente que alguien tenga hijos, siempre es porque planea un nacimiento especial y desea desta­car el acontecimiento y la persona haciendo que la concepción y el alumbramiento sean fuera de lo común.
Quizá todo este asunto de la infertilidad puede apreciarse mejor en la respuesta que dio Jesús a sus discípulos en relación al ciego de naci­miento. En esos tiempos se creía que la ceguera, así como la infertili­dad, eran castigos directos de Dios por los pecados personales. Los dis­cípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado: si el hombre que era ciego de nacimiento o sus padres. Jesús respondió: «No es que pe­có este, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él» (Juan 9:3). Por lo tanto, la infertilidad no es en lo absoluto un cas­tigo hacia una persona o una pareja. La infertilidad no formaba parte del plan original de Dios, pero al igual que la ceguera, las deformidades congénitas, el cáncer, o el VIH, nos recuerda que vivimos en un mundo lleno de pecado. Muchas veces esas condiciones son ciertamente con­secuencias de nuestras elecciones, pero a Cristo no le interesa sobre quién recae la culpa, y tampoco debería interesarnos a nosotros. Allí donde los discípulos solo veían problemas, Jesús veía posibilidades. Podemos mostrar el poder de Dios en nuestras vidas. Él promete que serán ricas, fértiles y completas, tengamos hijos o no.
Reacción
Chantal: La vida de Ana hace que vea mi mundo con otros ojos. La so­ciedad parece decirme que para tener algún valor como mujer tengo que ser delgada, joven, bella, una mujer de negocios o tener un título univer­sitario. Me parece maravilloso que se me asegure que no necesito un título académico para ser alguien especial. No tengo que ser la primera en nada para que mi vida tenga valor. Si Ana encontró que su valor residía en Dios, yo también puedo hacerlo. Dios escucha mis oraciones y las responde.
Gerald: El compromiso de Ana con su promesa me maravilla. Yo co­mo padre me lo habría pensado dos veces antes de enviar a mi hijo a un entorno que obviamente no era seguro, ni espiritualmente edificante (1 Samuel 2:12-17). ¿Cuántas veces he justificado el abandono de un compromiso? Me pregunto si una pequeña mirada detrás del velo que separa esta tierra del reino de los cielos podría ayudarme a confiar más en el poder y la fuerza del amante y cariñoso Padre celestial. ¿Cuándo fue la última vez que vi la supremacía de Dios y su control sobre mi en­torno tan claramente que no tuve más remedio que estallar en cantos y gozarme en el Dios que sostiene el universo en la palma de su mano? ¿Cuándo fue la última vez que le sucedió esto a usted, querido lector?
Véase, por ejemplo, Sara (Génesis 16:1; 17:17), Rebeca (Génesis 25:21), la esposa de Manoa (Jueces 13:2) y Elizabeth (Lucas 1:7),
Lo más probable es que esto sucediera hacia los cuatro años de edad, en el momento en que se interrumpió la lactancia. (1 Samuel 1:23, 24).
Elena G. de White nos dice: «Cuando se separó de su hijo no cesó la solicitud de la madre fiel por el niño. Era el tema de las oraciones diarias de ella. Todos los arios le hacía con sus propias manos un manto para su servicio; y cuando subía a Silo a adorar con su marido, entregaba al niño ese recordatorio de su amor» (Patriarcas y profetas, p. 556).
Con todo, no debió haber sido tan duro consigo mismo. Tomar una segunda esposa en caso de esterilidad de la primera era la norma cultural de su época. Sin embargo, el conflicto doméstico destaca el hecho de que las normas culturales que no siguen los planes de Dios acaban en infelicidad.
Según Números 30:10-15, el esposo tenía derecho de veto sobre los votos de su esposa. Nótese el interesante vínculo hacia los votos. En 1 Samuel 1:21 se declara que Elcana iba a adorar cada año para cumplir un voto; sin embargo, no se dice de qué voto se trata. De acuerdo con la prueba de Números, bastaba solo con que Elcana permaneciera en silencio al escuchar el voto de su esposa para que este quedara validado. Sin embargo, Elcana va más allá. Él no guarda silencio, y confirma el voto de su esposa en 1 Samuel 1:23.
Su excesivo afecto por sus hijos lo llevó a no querer ver su evidente sacrilegio y la constante vergüenza que estos traían al culto de Dios (1 Samuel 12-17).
Miriam dirige a las mujeres de Israel en un canto después de haber sido testigos del poder y la protección increíbles de Dios en el Mar Rojo (Éxodo 15:1-19). Numerosos compositores se han inspirado en el Magníficat de María (Lucas 1:46-55).
Véase por ejemplo, Deuteronomio 32:4; Salmo 118:22; Isaías 28:16; Mateo 21:42; Marcos 12:10; Efesios 2:20 y 1 Pedro 2:4. Cf. Samuel Terrien «The Metaphor of the Rock in Biblical Theology» [La metáfora de la roca en la teología bíblica] en God in the Fray: A tribute to Walter Brueggemann [En la batalla con Dios: Homenaje a Walter Brueggemann] Ed. Timothy K. Beal y Tod Linafelt (Minneapolis, Minnesota: Fortress Press [1998]), pp. 157-171.
Esta revelación de lo que hay realmente en él produce la reacción de Job cuando se encuentra con Dios: «Así hablaba yo, y nada entendía; eran cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía [...] De oídas te conocía, mas ahora mis ojos te ven. Por eso me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42: 3-6).
Elena G. de White afirma que «las palabras de Ana eran proféticas, tanto en lo que tocaba a David, que había de reinar como soberano de Israel, como con relación al Mesías, el ungido del Señor» (Patriarcas y profetas, p. 556).
La única excepción parece ser el caso de Mical, la esposa de David, aunque no está claro si el juicio pronunciado por David es una indicación de que Dios la estaba castigando realmente con la infertilidad, o si David ya no dormiría más con ella.
Véase, por ejemplo, a Sara, quien a la edad de 90 años dio a luz a Isaac, el hijo de la promesa dada muchos años atrás; o a Rebeca, quien pudo concebir sólo después de una oración de intercesión especial y dio a luz gemelos. Compárense también las historias de Raquel, amada pero estéril (finalmente dio a luz a José y a Benjamín), o a la esposa de Manoa, que dio a luz al juez Sansón después de que la visitara un ángel. En el Nuevo Testamento se nos habla de Elisabeth, la madre del mayor de los profetas (Juan, el Bautista), quien fuera el precursor del mismo Jesús.
Esto era precisamente lo que desconcertaba a los discípulos. Un recién nacido no podía haber tenido ocasión de pecar. ¿Por qué, pues, era castigado? Si quienes habían cometido el pecado eran sus padres, ¿por qué, pues, debía cargar él con la culpa?
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Caleb vivir y esperar

Escrito por : FAR Ministerios on 10 de octubre de 2010 | 09:07

10 de octubre de 2010

Caleb: Vivir y esperar

Caleb, hijo de Jefone, exhaló su último suspiro. Hoy ha terminado sus días un hombre verdaderamente grande, un padre de Israel. Ca-leb, de la tribu de Judá, nació esclavo en Gosén, Egipto. Su infancia y juventud transcurrieron en las más penosas condiciones y se vio forzado a participar en varios proyectos de construcción en ese país. Junto con su pueblo, pudo abandonar Egipto y librarse de la esclavitud gracias a una espectacular maniobra de rescate conocida como el «éxodo», la cual terminó en una persecución relámpago del ejército egipcio, finalmente diezmado en el Mar Rojo.
Si bien fue un gran líder nacional, se lo recordará por su humildad, su generosidad, su amabilidad y su fe. Para sus hijos Iru, Ela y Naam, su hija Acsa Aunque jamás aspiró alguna clase de reconocimiento, las innegables cuali-dades de liderazgo de Caleb lo llevaron a ser nombrado representante de la tribu de Judá en una arriesgada misión de espionaje en la Canaán ocupada. Como consecuencia, su vida dio un giro. A su regreso de la misión, él y Jo-sué, hijo de Nun, se esforzaron valientemente por evitar la catástrofe nacio-nal después que los otros diez delegados falsificaran los informes de reco-nocimiento. Recientemente Caleb, a la edad de 85 años, saltó a los titulares por haber dirigido una acción militar contra los gigantes anaquitas. y su yerno Otoniel, su pérdida será muy sentida. Las exequias tendrán lugar en Hebrón, su país. Oportunamente, se facilitará más información al respecto. Personajes Caleb: Este nombre, aunque de significado incierto, está relacionado con el término hebreo para designar a un perro. En el antiguo Oriente Próximo los perros no solían gozar de una consideración demasiado elevada. Hay nume-rosas referencias al uso peyorativo del término («perro escandaloso», «perro muerto», etc.) Sin embargo, la fidelidad del perro también está documenta-da en diversas fuentes extra bíblicas. La fidelidad y la confianza de Caleb en el poder de Dios es uno de los motivos que brillan a lo largo y ancho de su vida. Josué: Sucedió a Moisés en la tarea de dirigir a Israel. Junto a Caleb, fue uno de los doce espías que investigaron el país de Canaán. Josué y Caleb fueron los únicos de entre todos los que tenían más de veinte años de edad que salieron de Egipto y pudieron entrar en Canaán. Murió a los 110 años (Josué 24:29).
Moisés: Quizá sea el mayor de los personajes que aparecen en el Antiguo Testamento. Es el autor de la mayor parte de los cinco primeros libros de la Biblia. 1 Antiguamente, estos primeros cinco libros de la Biblia se conocían como los cinco libros de Moisés. El nombre «Pentateuco» (que indica un li-bro escrito en cinco partes) empezó a usarse a partir del siglo II de nuestra era. 2 Esto quiere decir que el mismo Moisés, uno de los personajes centra-les del Éxodo, es el autor de las primeras referencias a Caleb.
Los otros diez
1 Dado que Deuteronomio 34 describe su propia muerte, es obvio que Moisés no pudo haber escrito este capítulo 2 Compárese John H. Sailhamer, The Pentatheuch as Narrative [El Pentateuco como narrativa], Library of Biblical Interpretation (Grand Rapids, Michigan: Zondervan [1992]), pp. 1, 2.
espías: Estos hombres, a quienes la Biblia identifica por sus nombres, eran líderes de sus respectivas tribus y fueron elegidos para repre-sentarlas en la misión de espionaje en Canaán. Si consideramos el resultado de su informe, debieron ser unos excelentes oradores. Después de presentar-lo, empezaron a sembrar el temor y la desconfianza, dejando a Dios fuera de la ecuación y declarando que Israel era incapaz de conquistar el país de Canaán (Números 13:26-33). Parece ser que se dejaron arrastrar por la emoción del momento y no supieron enfrentarse a la multitud aterrorizada. De fundamentarse en hechos, su visión pasó a basarse en la irracionalidad; al punto que después de declarar que «fluye leche y miel» (Números 13:27)
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se contradijeron a sí mismos, afirmando que «la tierra [...] se traga a sus habitantes» (versículo 32). Como consecuencia de su falta de fe en Dios «murieron de plaga» (Números 14:37). Acsa: Es probable que Acsa, la hija de Caleb, naciera durante los cuarenta años en que los israelitas peregrinaron por el desierto. Como una buena prospecto joven, sirvió como incentivo en la batalla por la conquista de Quiriat Séfer y se desposó con su primo Otoniel (Josué 15:16, 17). Después del matrimonio, le hizo una petición nada convencional a su padre, quien le concedió manantiales en el Négueb (versículos 18, 19). Otoniel: Era hijo de Quenaz y sobrino de Caleb. Posteriormente se convir-tió en su yerno. Era un joven guerrero que dirigió la conquista de Quiriat Séfer y obtuvo la mano de Acsa. Años más tarde Dios lo usó para librar a los israelitas de Cusan-risataim, rey de Mesopotamia. Fue el primer juez de Israel (Jueces 3:7-11). Los hijos de Anac: Aiman, Sesay y Talmay eran los líderes de un grupo de los habitantes originales de Canaán que vivían en la zona de Hebrón. Al pa-recer eran muy altos y fuertes. Esta fue la mayor causa del temor de los diez espías que luego afirmaron que en su presencia se sentían como «langostas» (Números 13:33) y que los israelitas no tenían posibilidad alguna de vencer-los. Caleb, como muestra de su gran fe, pidió ese territorio, y aun siendo uno de los dos hombres de más edad de Israel, venció a los gigantes que habían atemorizado a toda una generación de israelitas. Información sobre el contexto
Caleb vivió en tiempos turbulentos, desde el éxodo de Egipto hasta los pri-meros días del establecimiento en Canaán, pasando por el peregrinaje por el desierto. Según la referencia cronológica que se facilita en 1 Reyes 6:1, Ca-leb nació a principio del siglo XV a. C. Esta era una época de un gran des-envolvimiento internacional. Al inicio del periodo del Imperio Nuevo, Egipto comenzó a extender su influencia sobre Canaán, a fin de crear una zona de contención contra una posible nueva invasión procedente del norte. Durante el Segundo Periodo Intermedio, Egipto sufrió el trauma de verse dominado por unos gobernantes extranjeros: los hicsos. 3
3 La historia de Egipto es compleja y está contenida en abundante material documental, incluidos numerosos tex-tos y datos arqueológicos e iconográficos. Un libro muy útil y de lectura fácil, obra de uno de los egiptólogos con-temporáneos más destacados que vincula a Egipto con la historia de Canaán es: Egypt, Canaan, and Israel in Ancient Times [Egipto, Canaán e Israel en la Antigüedad] (Princeton, New Jersey: Princeton Üniversity Press [1992]) de Donald B. Redford.
La división de los gobernantes egipcios en dinastías la debemos a Manetón, un sacerdote
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egipcio que vivió en el siglo III a. C. y que escribió la historia de Egipto en griego. Las dinastías más importantes del Imperio Nuevo de Egipto fueron la XVIII y la XTV. Que el éxodo se diera en el siglo XVI a. C, ubica a tan importante acontecimiento de la vida de Caleb y del pueblo de Israel duran-te el reinado de la XVIII dinastía.
La influencia de Egipto en Canaán está documentada en las cartas extra bíblicas de Amarna, descubiertas en 1887. Dichos comunicados diplo-máticos, originados en Canaán y enviados por los gobernantes de las pe-queñas ciudades estado cananitas y sirias a los faraones Amenhotep III y IV durante el siglo XIV a. C, contienen urgentes requerimientos de ayuda con-tra personas o grupos que se describen como los habiru, que atacaban las ciudades. Si bien los israelitas no eran los únicos en ser conocidos como habiru (mencionados ya en textos tan antiguos como algunos escritos del siglo XVIII a. C, relacionados con personas o pueblos «al margen de la ley»), nada impide que formaran parte de tal grupo. Es evidente que al ver-los como unos invasores, los consideraban «forajidos» y agresores. 4 Sorprendentemente, las cartas están escritas en acadio y no en jeroglífico, lo que pone de manifiesto la importancia que esta tenía como lengua interna-cional del comercio y la diplomacia. Además de la correspondencia con los vasallos sirios y cananitas de Egipto, el archivo también contenía cartas que documentaban las relaciones de los egipcios con las otras grandes potencias internacionales de la época, entre ellas Babilonia, Asiría, Mitani (grupo de lengua hurrita que vivía al norte de la actual Siria) y el Imperio Hitita. La manera en que Dios gestionaba el tiempo para su pueblo es impecable. Si consideramos el panorama político internacional a fines del siglo XV a. C. e inicios del siglo XIV a. C, veremos que las grandes potencias de la época como Egipto, Asiría o el Imperio Hitita estaban ocupadas en resolver sus problemas internos, lo que dejaba a Canaán desprotegida. De este modo, Israel tuvo que conquistar únicamente a la población local sin tener que vérselas ante una amenaza mayor como alguna de estas potencias.Acción
4 Si desea leer más sobre las cartas de Amarna, puede consultar el útil resumen de Nadav Na'aman: «Amarna Letters» [Las cartas de Amarna] en Anchor Bible Dictionary, 6 tomos, ed. David Noel Freedman (Nueva York: Doubleday [1992]), tomo 1, pp. 174-181. Se puede encontrar una buena traducción de los textos acadios en The Amarna Letters [Las cartas de Amarna] (Baltimore, Maryland-Londres: Johns Hopkins University [1992]) de W. L. Moran.
Aunque Caleb no un personaje principal, su historia se halla entretejida con una sección mayor de la narrativa bíblica. La historia de Caleb probable-
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mente comienza en algún lugar del capítulo 2 del libro de Éxodo y termina en Jueces 1. La vida de Caleb estuvo repleta de acción. Él fue testigo y par-te del nacimiento de una nación. Empezó viviendo como esclavo en Egipto y experimentó de primera mano el poder de Dios en las diez plagas. Si pre-sumimos que era el primogénito de su familia, 5 la sangre en la jamba de la puerta de su casa lo protegió en la terrible noche de liberación cuando el ángel del Señor pasó por las casas de Egipto y tomó la vida de todos los primogénitos que no estuvieran cubiertos por la sangre del cordero. Caleb tomó parte en la mayor fuga de la historia, cuando los israelitas aban-donaron Egipto cargados con los tesoros de sus opresores. Comió maná, acampó a los pies del Sinaí y escuchó la voz de Dios cuando la tierra tembló y la montaña explotó. Vio con desagrado cómo muchos de sus co-terráneos, poco después de haber escuchado la voz de Dios, danzaban alre-dedor del becerro de oro. Caleb se incorporó al largo viaje hacia las fronte-ras de la Tierra Prometida. Aunque los primeros cuarenta años de su vida estuvieron caracterizados por el silencio en un relativo bajo perfil, Caleb observaba, aprendía, recordaba y cultivaba su relación con Dios. Así obtuvo una fuerza moral con la que dejó su huella en la historia después de la exploración de Canaán. Estaba dis-puesto, preparado y convencido para hablar; para salir al paso del veredicto popular y alentar a otros a que tuvieran fe en Dios. A pesar de su fe, él y to-dos los otros que no creyeron pasaron los siguientes cuarenta años peregri-nando por el desierto, enfrentándose a la escasez de agua, los animales sal-vajes, los tumultos y los desfallecimientos constantes de los israelitas. Fi-nalmente, regresó a la frontera de la Tierra Prometida. Él era uno de los dos últimos sobrevivientes de su generación. Con todo, no se retiró a disfrutar de un descanso merecido, sino que en su lugar participó en la conquista del país junto a la nueva generación.
5 El hecho de que Caleb fuera elegido representante de Judá en Números 13:6 sugiere su estatus de primogénito (así como sus cualidades de liderazgo) en una sociedad y una cultura en las que la edad y los derechos de linaje eran importantes.
Aunque su vida fue un ejemplo a seguir, no se aferró a su liderazgo ni se sintió amenazado por los más jóvenes. Antes bien, buscó maneras creativas de alimentar su fe y su liderazgo. Entre la vida pública de Caleb y su vida privada no había distinción artificial alguna. La última acción suya de la que tenemos noticia en la Biblia es una imagen de Caleb como hombre de familia. En Josué 15:19 un Caleb generoso le entrega a su hija (a quien por ley no le correspondía propiedad alguna), no solo unas tierras (que se per-derían para él y su familia, puesto que su hija pasaría a formar parte de la
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familia de su esposo), sino también una cesión de derechos sobre el agua, uno de los bienes más preciados en el árido Cercano Oriente. En profundidad En esta sección echaremos un vistazo a las primeras palabras que se regis-tran de Caleb, las cuales se encuentran en Números 13: 30. Aunque se trata de un versículo muy corto, para situar sus palabras en contexto tendremos que tomar en cuenta lo que antecede y lo que sigue al discurso de Caleb. Números 13 empieza con la orden de Dios de salir a explorar el país de Ca-naán. Los israelitas estaban acampados justo frente a la frontera de la Tierra Prometida, y allí escogen a los representantes de las distintas tribus para que se unan a la misión de espionaje. Al tratarse de una misión oficial, primero se presenta por nombre a cada uno de los representantes en el contexto de su tribu, y seguidamente se da el nombre de su padre. Esto servía para iden-tificar el clan personal, y tenía una función similar a la del apellido en nues-tra sociedad. Números 13:16 menciona que Moisés dio a Oseas el nombre de Josué. No era extraño que un líder cambiara el nombre de alguien a fin de mostrar un cambio de misión o de rol en esa persona. «Josué» es especialmente rele-vante, pues se trata de la forma hebrea del nombre de Jesús, que significa «el Señor es salvación». Este era un nombre muy apropiado para un líder que estaba destinado a enfrentarse a grandes contratiempos. El hecho de que Caleb no obtuviera un nombre nuevo enfatiza su papel secundario. No se lo llama a una posición de liderazgo visible.
En Números 13:17 los espías reciben las órdenes. No se trata de un viaje de placer para ir a visitar paisajes lejanos. Son llamados a llevar a cabo un pro-yecto de investigación en el que deben ir en busca de los hechos reales. Dios es favorable a la recaudación de datos, las encuestas y las misiones pa-ra descubrir cosas nuevas. Nuestra experiencia cristiana no debe estar mar-cada por la falta de investigación personal o la búsqueda superficial. Se nos pide que escudriñemos la Biblia 6 de manera individual y como una comu-nidad de creyentes.
6 Los bereanos gozaban de gran consideración, por cuanto no aceptaban ninguna enseñanza nueva sin antes compararla con las Escrituras (Hechos 17:11).
Números 13:26-29 es un informe objetivo de los resultados obtenidos en la misión, a pesar de que se pueden detectar ciertos matices tendenciosos en algún punto, como por ejemplo el «pero» que abre el versículo 28. Los hechos en sí mismos no son relevantes sin una interpretación, así que Caleb
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toma la palabra y da un paso al frente para hacerlo. El ve un gran país que Dios ha prometido a su pueblo, mientras que los otros diez líderes dejan a Dios por fuera y ven solo gigantes. Al mirar los hechos que se producen en nuestra vida y el mundo actual, incluso en la ciencia y la historia, depen-diendo de si interpretamos los hechos con fe o sin ella y de si incluimos o excluimos a Dios de la ecuación, podemos llegar a conclusiones diametral-mente opuestas. Las palabras son poderosas. Los diez espías que dieron el informe falto de fe no tenían idea del alcance que tendrían sus palabras o de las con-secuencias que conllevaría su informe. El cambio es espectacular y súbito. En un instante, la vasta multitud cambió su estado de ánimo de la excitación expectante a la decepción, la desesperanza y la ira más extremas. Pareciera que las palabras de los espías causaron efecto incluso sobre ellos mismos, de modo que extendieron su narración para incluir exageraciones que no se basaban en los hechos. Si el país era tan malo que se tragaba a cuantos viv-ían en él (versículo 32), ¿cómo podía albergar a gigantes?
En el capítulo 14 podemos ver el efecto del informe. El mal humor se ex-tiende por todo el campamento y el pueblo desea regresar a Egipto. 7 Moisés y Aarón discuten con Dios. Caleb y Josué no se quedan en silencio e intentan contener la marea. El suyo fue un acto increíblemente valiente. Imagínese el lector de pie ante una multitud airada que parece haber perdido toda traza de racionalidad y memoria. Josué y Caleb estaban apasionados con la verdad. No podían quedarse de brazos cruzados contemplando cómo toda una nación era conducida al desastre. En los versículos 6 al 9 está do-cumentado su discurso. Aunque no indica quién habló, parece ser que am-bos lo hicieron; y con la acción de rasgarse las vestiduras expresan la pro-fundidad de sus sentimientos. 8
7 Al cabo de aproximadamente 38 años, Moisés narra esto a la siguiente generación. Quienes lo escuchaban eran probablemente demasiado jóvenes para recordarlo o todavía no habían nacido (Deuteronomio 1:19-36). Nótese que en esta versión abreviada Caleb también es mencionado. 8 La acción de rasgarse las vestiduras estaba relacionada generalmente con el llanto y la recepción de malas no-ticias. Compárese Génesis 37:29 (Rubén se rasga las vestiduras cuando ve que José no está en el pozo), Josué 7:6 (Josué se rasga las vestiduras cuando se entera de la masacre de Hai) y 2 Samuel 1:11 (David y sus hom-bres se rasgan las vestiduras cuando se enteran de la muerte de Saúl y sus hijos). Son tan solo dos hombres que hablan en nombre de Dios en medio de una masa agitada de gente que, cual hinchada fanática de un equipo que ha perdido el campeonato más preciado, anda en busca de una víctima sobre quien descargar su rencor. La multitud había perdido la razón y busca apedrear a Caleb y Josué. La intervención directa de Dios en el versículo 10 los protege.
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La última vez que se menciona a Caleb en el libro de Números es en el versículo 24 del capítulo 14, donde Dios lo dignifica con una mención es-pecial. Josué se convertirá en un líder, un personaje muy visible. Sin em-bargo, Dios desea reforzar la verdad de que él también se fija en los perso-najes «secundarios». Dios sabe que en Caleb vive otro espíritu, de hecho, su Espíritu; y que a pesar de que lo hace de manera discreta, Caleb sigue a Dios de todo corazón. Dios recompensará su fe y su confianza. De toda una generación, él será el único que entrará en Canaán. Respuestas
Números 14:18 ha resultado ser un versículo un tanto incómodo para algu-nos eruditos de la Biblia. Desde la perspectiva individualista del siglo XXI en particular, vemos a la justicia como algo personal en la que el culpable «paga» por lo que ha hecho. Hemos recorrido un largo trecho desde que nos hemos organizado en comunidades. Nos guste o no, en un sentido muy real las vidas de todos están entrelazadas y todas nuestras elecciones afectan a los demás como a nosotros mismos. Consideramos que la idea de los hijos que sufren las consecuencias de los pecados de sus padres es injusta y des-piadada. La manera en que Dios ve los temas de la justicia, el castigo y la responsabilidad tanto del grupo como del individuo, está bellamente plas-mada en la historia de Caleb. En Números 14:10 Dios entra en escena y re-tiene a los israelitas para que no apedreen a los líderes mientras Moisés está intercediendo por una comunidad que no lo merece. Él cita las palabras que Dios le dijo 9 e incluye las problemáticas palabras del versículo 18, donde se declara que «de ningún modo tendrá por inocente al culpable, pues casti-ga el pecado de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta genera-ción». 10
¿Qué propósito tiene la aplicación de este principio en la vida de Caleb y la comunidad de los israelitas? En primer lugar, podemos ver que Dios es pa-ciente. Esta era la décima vez que los israelitas se habían rebelado contra la dirección de Dios (Números 14:22). 11
9 En Éxodo 34:6, 7 Dios se muestra a Moisés y dice las palabras que Moisés vuelve a citar en Números 14:18. 10 Véase, por ejemplo, el comentario en: Gerald A. Klingbeil «Between "I" and "We": The anthropology of Hebrew Bible and Its Importance for a Twenty-First Ecclesiology» [Entre el «yo» y el «nosotros»: Antropología de la Biblia hebrea y su importancia para una eclesiología del siglo XXI] en Bulíetin for Biblical Research, 19 (2009), pp. 319-339. 11 Recuérdese que los israelitas habían sido testigos de las diez plagas de Egipto y habían cruzado el Mar Rojo a pie, en seco. Con todo, seguían escogiendo la incredulidad. Véase, por ejemplo, Éxodo 15:22-26; 16:1-20; 17:2-7; 32:1 (el episodio del becerro de oro se dio justo después de haber oído la voz de Dios) y Números 11:1-7.
La desobediencia conlleva sus con-secuencias. A veces es posible demorar las consecuencias del pecado, pero inevitablemente estas deberán ser afrontadas. A causa de su continua des-
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obediencia y su reiterada falta de fe, los israelitas no pudieron entrar en Ca-naán. Dios le dijo a Moisés que de toda la generación de israelitas que hab-ían salido de Egipto, los que ya habían cumplido veinte años morirían en el desierto (Números 14:29-35). Cuarenta años de vida nómada en un desierto reseco sería una dura prueba. Toda la comunidad sufriría como resultado de sus acciones, incluidos los hijos (14:33) y el ganado. 12
Aunque el castigo aparentemente afectaría a dos generaciones, se extendía realmente hasta la tercera y cuarta generación, pues todos aquellos que ten-ían una edad cercana a los veinte años tendrían hijos que también sufrirían en el desierto antes de entrar a Canaán. La cruda realidad es que el pecado no es justo. Los conductores ebrios matan a gente inocente. En mayor o menor grado, todos sufrimos por las decisiones erradas de los demás; y a su vez, con nuestras decisiones y acciones equivocadas influimos sobre las vi-das de otros y nuestro entorno. La Biblia establece claramente que habrá un día de castigo y juicio en el que Dios castigará de manera activa el pecado individual y del grupo. 13 Sin embargo, mucho de cuanto sufrimos es conse-cuencia de nuestros propios pecados o los de los demás. 14 Reacción Chantal:
Gerald: La paciencia no es uno de mis puntos fuertes. ¡Ojalá tuviera la fir-meza de carácter que mostró Caleb al esperar durante más de cuarenta años el cumplimiento de la promesa de Dios! ¡Ojalá pudiera yo mostrar la longa-
En Caleb veo mucho de mí. Pienso que en general soy más de moverme entre bambalinas, aunque en cierto aspecto soy muy distinta a Ca-leb. Caleb estaba preparado para levantarse y resistir aun solo si era necesa-rio. Yo prefiero evitar el conflicto a casi cualquier precio; Mi familia y mis amigos me apoyan maravillosamente. Pero, ¿tendría la fuerza moral de le-vantarme por fe y confianza en Dios si todos cuantos amo y aprecio habla-sen de tinieblas y desconfianza? Quiero tener más del Espíritu que vivía en Caleb para saber cuándo debo solo observar en silencio y cuándo levantar-me y hablar.
12 En el Antiguo Testamento se pueden encontrar ejemplos parecidos de consecuencias que afectan a toda una generación por causa de un individuo, como el pecado de David, del que se derivó la muerte de su primer hijo nacido de Betsabé y los subsiguientes problemas familiares (2 Samuel 12:14-20). 13 Dios espera una lealtad inquebrantable. Él prometió “misericordia” por millares [de generaciones] a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:6). El contraste entre tres o cuatro generaciones y millares de generaciones es marcado y deliberado. Enfatiza la ilimitada misericordia de Dios para quienes lo aman, a la vez que el limitado castigo de quienes lo desobedecen tan sólo alcanza hasta la tercera o la cuarta generación. 14 Otro ejemplo difícil se encuentra en Josué 7. Como resultado del pecado de Acán, sufre toda la comunidad, in-cluida su familia más inmediata, sus animales, su tribu y toda la confederación de tribus que representan a Israel como a un solo pueblo.
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nimidad que Caleb mostró al tener que alejarse de las fronteras de la Tierra Prometida durante otros 38 años de vida nómada, sabiendo muy bien que no era culpa suya! En la vida de Caleb no veo acusaciones. No es el tipo de persona que busca a los culpables y se esfuerza para que se enteren que la culpa recae sobre ellos. Él muestra una gran solidaridad: algo que yo quisie-ra mostrar más en mi vida.
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